“Los hombres temen a la muerte como los niños tienen miedo de la oscuridad, y de la misma manera que este miedo natural de los niños es aumentado por las historias que se les cuentan, lo mismo ocurre con el otro.”

Francis Bacon

volviste y somos millones

MAYO!!!te estaba esperando!!

“Entre el nacimiento y la muerte siempre ha existido lo mismo.Es lo que es. La violencia de la vida”.
Francis Bacon.

Un día cualquiera

Un día, después de no se cuantas eternidades volvieron a verse. A pesar de la nieve en su pelo, y las arrugas en las manos, ella conservaba el espíritu fresco. La profundidad en su mirada era la misma, y aunque haya pasado el tiempo su caminar seguía inconfundible: desarticulado y torpe.

Él, flaco y desgarbado como de joven. Ya pocos pelos resistían en su cabeza. La barba desprolija seguía siendo su marca registrada. Sus anteojos delataban años de mucha lectura. Había optado por una vida tranquila, al menos en sus últimos años, pero mantenía esa postura de parecer siempre preocupado por algo y de estar observando todo el tiempo lo que pasa a su alrededor.

El re-encuentro fue en la casa de él que (muebles más, muebles menos; adornos más, adornos menos) seguía siendo la misma que ella guardaba en la memoria.

Durante toda la tarde se encontraron y reencontraron en historias del pasado. Tomaron mate, hablaron de la vida, de la música, de lo que cada uno había vivido sin el otro. Se los veía adultos, responsables, superados, con aires de haber comprendido que aquello que alguna vez los hizo ser uno solo, era hoy una anécdota.

De pronto ella posó la mirada sobre la pila de libros que se amontonaban en una esquina de la casa. Notó que había algo allí como intentando esconderse. Creyó que podía ser un engaño de la percepción. Sacudió sus ojos y volvió a mirar. Y comprobó la sospecha. Él se percató de la secuencia y procuró hacerle una seña a eso que ya era inocultable.

-         ¿Qué es eso que está detrás de esa pila de libros? Preguntó ella.

-         Nada. Respondió él con el nerviosismo de alguien que se sabe descubierto.

Ella, obviamente no conforme con la respuesta,  y conociendo la cualidad de él de hacerse el zonzo frente a preguntas incómodas, se acercó hasta la pila de libros y descifró el misterio. Era una caricia. Pequeña, sencilla, con esos ojos de “yo no fui” que, según dicen, caracterizan a las caricias.

-         ¿Para qué guardas una caricia entre tus libros? Preguntó ella como sabiendo la respuesta.

Él recurrió al silencio, pero frente a la mirada inquietante de ella no le quedó más opción que responder. Y con la resignación de alguien al que se le descubre una parte de un secreto y tiene que terminar por develarlo todo, le dijo:

-         No está sola.

Entonces se acercó a un cuadro de Miró, que decoraba una de las paredes del comedor, y lo descolgó. Escondido detrás de la pintura se encontraba, medio aplastado y algo polvoriento, un beso.

Ella lo miró con ojos de asombro. Él la miró con ojos de disculpas. Y como queriendo justificarse le dijo:

-         Los guardé por las dudas. Temía que el tiempo y la vida se lleven a todos.  Uno nunca sabe. ¿Mirá si volvías? No quería recibirte con las manos vacías.

Se hizo un silencio, que nadie sabe bien cuanto duró. Ella lo volvió a mirar, y ahora sus ojos eran los que pedían disculpas. Metió su mano en el bolsillo y sacó algo que mantuvo escondido por unos segundos. Lentamente desnudó el secreto. Él lo reconoció enseguida. Era un “nunca te olvidé”. Ella, ahora sin mirarlo, argumentó:

-         Perdón, pero yo tampoco quería llegar con las manos vacías.

 Augusto Campos

juan y martina

Cuando era chica vivía en otro barrio, en otra casa, cruzando las vías. A la vuelta de mi casa había un tronco grandisimo donde me gustaba jugar, frente a ese tronco había un campo. Un campo que era de todos y no era de nadie.En ese campo jugaba con mis hermanos y mis vecinos, hacíamos casitas con arbustos o llevábamos barriletes que nos armaba mi papa y hasta a veces juntábamos leña en invierno. Si hoy tuviera que ir a jugar a ese campo tendria que entregar mi documento en la entrada, pasar por cuatro controles de seguridad estar monitoreada por camaras y tener cuidado con cada paso que de para no hacer sentir desprotegidos a los seres que ahora habitan alli…por eso elijo mi barrio porque no tengo que pedirle permiso a nadie para poder jugar!